La mayoría de la gente trata una creencia como si fuera una “cosa”, cuando en realidad se trata de un sentimiento de certidumbre sobre algo.

Una forma sencilla de comprender una creencia consiste en pensar en el elemento básico que la constituye: una idea. Hay muchas ideas en las que se puede pensar, y no creer.

Un ejemplo sencillo: toma la idea de que eres una persona atractiva. Detente por un segundo y dite a ti mismo: «Soy atractivo/a». Ahora bien, la diferencia entre una idea y una creencia dependerá de la cantidad de dudas que sientas acerca de esta frase en el momento de decirla. Si piensas: «Bueno, en realidad no soy una persona atractiva», lo que estás diciendo verdaderamente es: «No me siento muy seguro de que yo sea atractivo».

 

¿Cómo transformamos una idea en una creencia? Keep Reading →