La fisonomía es la herramienta más poderosa para cambiar inmediatamente un estado y para producir al momento resultados dinámicos.

Como dice un antiguo proverbio: “si quieres ser fuerte, hazte fuerte”.

Lo cierto es que no puede existir una acción poderosa sin una fisonomía poderosa. No he conocido a nadie mentalmente poderoso y con grandes recursos, con los hombros caídos y la cabeza baja. Entre la fisonomía y las representaciones internas existe una vinculación total; si se cambia la primera, cambian inmediatamente las segundas.

Cuando cambias tu fisonomía (tu postura, tu patrón respiratorio, tu tensión muscular, tu tono de voz) se modifican al instante tus representaciones mentales y tu estado.

¿Recuerdas alguna época en la que te sentiste realmente aplastado? ¿Cómo representabas el mundo entonces? Apuesto a que cuando te sentiste así; fatigado, cansado, con debilidad muscular o con dolor, percibiste el mundo de una manera totalmente distinta a cuando estás descansado, fuerte y lleno de vitalidad, ¿verdad?

Por eso es tan importante tomar conciencia del grado en que nos afecta. Cuando nuestra fisiología decae, toda la energía positiva de nuestro estado también. Sé que me repito demasiado con esta palabra: “fisonomía”, pero no quiero que la olvides. Me gustaría que la grabaras a fuego en tu mente y le des la importancia vital que tiene, porque es la palanca del cambio emocional. De hecho, no se puede experimentar una emoción sin que ello vaya acompañado del correspondiente cambio fisiológico. Si estás contento, se nota en tu cara, tu mirada, tu cuerpo, tus movimientos, etc.

Un estado concreto puede modificarse de dos maneras: cambiando las representaciones internas o cambiando la fisonomía. Lo ideal, como supondrás es trabajar en ambas vertientes a la vez. Sin embargo, y reitero, si quieres cambiar de un “¡zas!” un estado concreto, la fisonomía es la llave que te abrirá la puerta.

Algunos pensarán que cuando se está con tensión muscular, respiración superficial, hombros caídos, cabeza gacha, ojos tristes, es porque ha ocurrido un problema de trasfondo que hace que nos comportemos así. Es decir, un estado mental que inconscientemente me lleva a estar físicamente derrotado. Puedo estar de acuerdo con ello, hasta cierta medida. Sin embargo, el hecho de tener esa fisonomía deprimente sólo nos ayuda a adentrarnos más y más en ese estado negativo. Si tomo conciencia de que soy dueño de mis pensamientos así como de mis actos, puedo comenzar a ponerme firme, echar los hombros hacia atrás, respirar hondo, con inspiraciones torácicas y levantar la vista. Es casi imposible sentirse deprimido así.

¿No lo crees? Inténtalo tú mismo. Ponte en pie, bien erguido, cuadra los hombros, respira hondo y muévete con energía. Descubrirás que resulta casi imposible sentirse deprimido en esa postura.

Lo que ocurre aquí es que le estás enviando al cerebro un mensaje de atención, vitalidad y control de recursos. Y eso es lo que realiza.

Ahora viene la dureza del artículo. La parte en que, posiblemente, tenga comentarios de algunas personas que, evidentemente no estén de acuerdo con mi opinión, estudios y experiencia. Pero al fin y al cabo, me enseñaron en los inicios que un coach dice lo que muchas personas no son capaces de decir, y asumimos consecuencias.

Verás; nadie dice conscientemente: “Prefiero sentirme deprimido y desgraciado”. Ahora bien, ¿cómo se comportan los deprimidos? Por lo común, concebimos la depresión como un estado mental, y sin embargo, tiene una fisiología clara e identificable. Suelen andar con ojos bajos. Para aquellos que no lo sepan, cuando andas con ojos bajos, tienes un acceso a una parte de tu cerebro y trabajas de forma cenestésica. Cuando esto ocurre, te dices mentalmente, todo lo que hace que te sientas deprimido. Continuando con su fisonomía, dejan caer los hombros, practican una respiración débil. Hacen todo lo necesario para que su organismo entre en un estado deprimido.

¿Acaso han decidido estar deprimidos? Por supuesto que sí. La depresión es un resultado, y su creación exige imágenes corporales muy concretas, representaciones internas muy claras, comportamientos, durante bastante tiempo, que hacen llegar finalmente a ese estado al que nadie de nosotros quisiera estar. Una depresión no viene de la noche a la mañana. Esto no significa que quieran estar así, ¡ojo!

Esto es duro. Lo sé. Y no hablo a la ligera, créeme. He tratado a alguna persona con depresión e incluso he tenido muy de cerca, personas que gracias a sus conductas, fisonomía y representaciones internas, han llegado a estar inmersas en una situación realmente depresiva. Pero todos y cada uno de ellos, se han sentido víctimas. Y esto es lo primero que hay que cambiar. Y han avanzado notablemente simplemente haciendo el ejercicio que he descrito antes.

Sé que tomar conciencia y responsabilidad cuando nos encontramos en una situación crítica en la vida es harto difícil. Por regla general siempre buscamos en todo lo que nos rodea, aquello que nos ha hecho estar así. Pero tenemos el poder de cambiarlo. En primer lugar, cambiar cómo nos afecta un problema. Al fin y al cabo, lo que nos hacen no es el problema en sí. El problema real es la respuesta que nosotros damos a lo que nos hacen. Y en segundo lugar, tenemos el poder de cambiar en búsqueda de una solución al mismo. Porque tienes el poder. Porque tenemos el poder.

Déjame que te haga una pregunta: ¿Te gustaría encontrarte mejor? Supongo que responderás que sí. Si nos sentimos responsables del estado actual en el que nos encontramos, serás responsable de cambiarlo. ¿Cómo si no vamos a conseguir lo que queremos?

Uno de los primeros pasos para cambiar tu estado actual es precisamente ese, cambiar tu fisonomía.

Hazlo y coméntame tus resultados.

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