Al igual que un director de cine puede cambiar el efecto que ejerce su película sobre los espectadores, tú puedes cambiar el efecto que cualquier experiencia de tu vida tiene sobre ti mismo. El director puede variar el ángulo, el volumen, el tipo de música, el color, la nitidez de la imagen y la velocidad del movimiento, generando así en el público los estados que desea. Tú, si quieres, puedes dirigir tu cerebro de la misma manera.

Hoy te muestro una práctica de PNL que aprendí leyendo a Tony Robbins. Genera un gran poder en mis clientes y por supuesto en mí.

¿Estás preparado?

Piensa un recuerdo muy agradable. Limítate a cerrar los ojos, relájate y piensa en ello. Al principio cuesta llegar a este estado; es normal, ya que nuestro cerebro no está acostumbrado a ejercitarse cuando se lo ordenamos. Pero a medida que lo practiques, te será más sencillo traer a ti el recuerdo que quieras.

Toma esa imagen y hazla más grande y más brillante. ¿Qué ocurre cuando uno manipula esa imagen? Que la intensidad de la experiencia cambia, ¿no es cierto? Aumenta la fuerza y te pone en un estado más vigoroso y alegre.

Ahora aumenta el volumen de las voces o de los sonidos que oíste. Dale más ritmo, más profundidad. Haga que el recuerdo sea más cálido y más suave que antes. ¿Qué pasa con sus sensaciones después de esta experiencia?

Para algunas personas, les será fácil intensificar la sensación, trabajando en la imagen; otros, en el sonido y otros en el tacto de la misma. Has de averiguar, con qué modalidades estás más conectado. Cuáles son las que mejor te ayudan a acercarte a un estado más placentero.

Bien; hagamos lo mismo con una imagen negativa. Piensa en algo que te hirió y te contrarió. Toma esa imagen y auméntale el brillo. Acércala más. Hazla más grande. ¿Qué ocurre en tu cerebro ahora? La mayoría de las personas hayan que se ha intensificado su estado negativo. Ahora revierte la imagen y llévala a su posición inicial. ¿Qué ocurre cuando la haces más pequeña, oscura y distante? Las sensaciones negativas van perdiendo su fuerza, verdad.

Te pido que practiques estos ejercicios de un modo, intenso, fijándote bien en las modalidades que se vayan revelando más eficaces para ti.

Toma la imagen negativa de nuevo y hazla más pequeña aún. Observa lo que ocurre en ti mientras la imagen se encoge. Desenfócala y hazla difícil de ver. Ahora aléjala y llévala tan lejos de ti que apenas puedas verla. Por último, arrójala a un sol brillante de tal forma que desaparezca de tu vista. Toma nota de lo que ves, oyes y sientes mientras desaparece del mundo.

La imagen llega a desaparecer y pierde su poder, ¿no es cierto?

En definitiva; puedes vivir de dos maneras. O bien dejas que tu cerebro siga gobernándote como venía sucediendo en el pasado, o puedes optar por dirigir conscientemente su propia mente, implantando las imágenes desagradables y privándoles de su poder de influencia.

Un rey tiene el privilegio de disponer de su reino. Tu reino es tu cerebro. Igual que el rey gobierna su reino, tú puedes gobernar el tuyo siempre que comiences a asumir el control de tus experiencias pasadas.

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