Nueve de cada diez personas en España han sentido estrés en el último año y cuatro de cada diez lo ha hecho de manera frecuente o continuada, porcentaje que equivale a casi 12 millones y medio de españoles. Así lo advierte el último estudio de Cinfasalud sobre “Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés”, elaborado por laboratorios Cinfa y avalado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS).

Los doctores Salvador Ros, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada; Antonio Arumí, secretario de esta entidad, y Josep Ramon Domenech, coordinador del VII Congreso Nacional de Ansiedad y trastornos comórbidos (presencia de uno o más trastornos), Nos informan de la siguiente situación: Cerca de un 40% de la población española padecerá ansiedad o depresión a lo largo de su vida, una enfermedad que puede interferir en otros aspectos vitales e incitar al consumo de drogas y otras sustancias adictivas, aunque sólo la mitad de los afectados han sido diagnosticados y se medican. Los datos no son muy halagüeños. Nos hemos metido solitos en este agujero profundo. Es difícil sentirse responsable de esta situación cuando la ansiedad te asalta sin avisar. Pero, ¿lo hace verdaderamente sin aviso alguno?

La línea que separa el estrés de la ansiedad es muy delgada, pero puede verse. ¡Por supuesto que se ve! Sin embargo, tendemos a no dar solución a los problemas pequeños. Dejamos que la bolita de nieve siga rodando por la ladera hasta que se conciba como una enorme, pesada y aplastante bola. A mí, sin ir más lejos, me ha ocurrido en un par de ocasiones. Si no ponemos remedio a tiempo es muy posible encontrarnos con una situación de asfixia, hiperventilación, aumento excesivo del pulso cardiaco, sensación de huida e incluso hormigueo en las extremidades. Si esto ocurre no es de extrañar que nos visite una ambulancia para llevarnos al hospital. ¿A causa de qué? Muy sencillo: no has sabido gestionar tu estrés. Lo has alargado en el tiempo sin atender a los avisos de tu regulador mental.

Así, que, sí. Nos duela o no, más vale sentirnos responsables de lo que nos ha sucedido. Eso sí; no confundas responsabilidad con culpa. Culpa conlleva un castigo. De castigarse nada. Ahora es el momento de apretar el culito y aprender de esta oportunidad que nos ha otorgado la vida.

Si la ansiedad ha llamado a tu puerta, tómala como un aviso. Un mensajero. El mensaje has de descubrirlo tú y nadie más. Para descifrar ese mensaje y poder gestionar con efectividad esta situación, voy a darte una serie de pasos. Síguelos y pronto serás una evolución mejor de tu propio yo.

Te aconsejo que te pongas en contacto con un especialista en psicología con un alto nivel de EMDR. Eso ayudará, en primer lugar a averiguar cuáles son las raíces (insights) de este problema, y posteriormente para desensibilizar el síntoma de la ansiedad. Me encuentro casos en los que el detonante de la ansiedad es un estrés severo y alargado en el tiempo. Sin más. En estos casos, y tras varias sesiones, el cliente está totalmente recuperado y ha aprendido a no caer de nuevo en la trampa de una autoexigencia excesiva, las prisas y una mente dualista. Sin embargo, en ocasiones el insight (es decir el foco principal que hace que nuestra vida se tambalee) no es sólo uno. Podemos tener varios frentes abiertos. De unos somos conscientes, y sin embargo otros pueden estar anclados en lo más profundo del subconsciente. Para extraer la verdad escondida en el subconsciente, siempre aconsejo la ayuda, reitero, de un profesional. Difícilmente vamos a darnos cuenta del precio que estamos pagando tras situaciones vividas en la infancia, o experiencias compartidas con los más cercanos. El daño emocional está ahí y es necesario saber la verdad.

Como mencionaba antes, la vida te ha brindado una oportunidad. Sé que pensar en ello tras un ataque de pánico es difícil de digerir, pero… ¿cuántas veces nos hemos alegrado de lo vivido tras un profundo dolor? ¿En cuántas ocasiones no vemos la luz y tras pasar el proceso somos mejores y más felices? ¿Cuántas veces nos hemos dicho “ojalá me hubiera pasado antes”? O, “Aunque lo pasé mal, ahora me alegro de lo ocurrido”. No dejes de mirar la venda y la herida. Es ahí donde encontrarás la luz. Por ello, creo que es positivo reconducir la situación sin medicación. No obstante, hay personas que no tienen más remedio que medicarse para bajar sus niveles de cortisol y adrenalina. En tal caso; no te sientas mal. Si es necesario es necesario. Cuando llegue el momento podrás reducir la dosis de forma gradual hasta no tomar. Siempre en manos y supervisión de un experto. Al contrario de lo que lo que se escucha por ahí fuera, conozco a muchas personas que tuvieron que acudir a una medicación y posteriormente la dejaron. Yo soy uno de ellos.

Saber el insight no te valdrá para eliminar de un plumazo el dolor. Es un primer paso, te calmará, pero no es suficiente. A ello hay que añadir una serie de herramientas y técnicas que ayudan a desconectar el síntoma antes de verte atrapado por él, o contribuyen a saber moverte eficazmente en el caso de que sufras el ataque y también favorecen a desensibilizar progresivamente las manifestaciones. Aprenderás muchas técnicas con tu psicólogo o coach. Utilízalas.

Cuando me ocurrió a mí, llegó a mis manos un libro llamado “cómo vencer la ansiedad”, de Reneau Z. Peurifoy. Esto, junto a la psicóloga y amiga Lidia, ayudó a entender con profundidad lo que me ocurría y a ir trabajando en el proceso de gestionar y finalmente eliminar ansiedad.

Esto me hace hablarte de otro punto importante. No sabemos a ciencia cierta si la ansiedad se elimina del todo. Lo que se resiste persiste. Nuestro cerebro está en su mayor parte creado para dar supervivencia. Eso significa que siempre busca lo que está mal. Además, el hipocampo se encarga de guardar experiencias dolorosas para evitarlas en un futuro. Es su forma de mantenernos vivos y de cerciorarse de que no vamos a morir. Lo que quiero decir con esto es que es posible que en el algún momento, por alguna razón, tu cerebro envíe señales a tu cuerpo avisándote de que te encuentras en peligro. La amígdala es la responsable de dicha señal. De ahí viene la frase “la ansiedad nunca se va; cuando menos lo esperas reaparece”. Y ¡tachán! Cuando menos lo esperabas, te encuentras de nuevo con un ataque de pánico e hiperventilando por las calles.

Existen 6 vías de comunicación que van desde el subconsciente (hipocampo) hasta el consciente. Sin embargo, hay sólo 3 vías que van desde el consciente hasta el subconsciente. Son 6 contra 3. Aquí, la parte más primitiva de nuestro cerebro tiene todas las de ganar. Por eso es tan importante llegar a lo más profundo y desenmascararlo. De lo contrario, los síntomas que parecían haber sido vencidos, tarde o temprano reaparecerán con más fuerza.

Otro aspecto que quiero mencionarte y que te ayudará a vencer la ansiedad es el mindfulness y la meditación. Como dicen los “yogis”; Tu mente es como un mono borracho y cabreado. Si no eres capaz de protegerla y dar quietud a la misma, estás perdido. Y más aún al ritmo al que nos movemos actualmente. Aprende a meditar y a estar presente en el ahora. Mantén unas rutinas de respiración y meditación comenzarás a notar muy pronto la calma y el sosiego. He aprendido conocimientos y técnicas de meditación de un hombre llamado Ramiro Calle. Tiene mucha experiencia en hinduismo, yoga y meditación y a escrito infinidad de libros. Además, en YouTube existe todo un arsenal de videos que te ayudarán a entender y a poner en práctica estos ejercicios milenarios.

Cuando comienzas a pasar por el proceso de “curación” es importante entender que dicho proceso tiene un avance de tres pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Encontrarás días con un avance extraordinario y sin preaviso días en los que vuelves a estar en el barro. Esto es normal. Habrá momentos en que no estés atento a posibles elementos estresores que tienes a tu alrededor. Días en los que puedas confundir nerviosismo con entusiasmo. Todo esto es habitual y son indicativos de ir por el camino correcto. Deja de lado las lamentaciones y la autocompasión. Pensar que la vida debe tratarte bien porque eres buena persona es igual que considerar que un león no va morderte porque tú no le harías daño. Mantente fuerte y muévete.

El gráfico es un diente de sierra tal que así:

Creo que te ayudará saber que Iniesta, Emma Stone, Johnny Deep, Scarlett Johansson, Alejandro Sanz, Manuel Carrasco, Michael Phelps, Mardy Fish y un sinfín de personajes famosos y deportistas de élite han sufrido episodios de ansiedad. No estás solo. ¡A por ello!

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