En los comienzos de un proceso de coaching, en algunos casos, el cliente no confía demasiado en sí mismo. No cree en sus posibilidades, aptitudes, fuerza de voluntad o inteligencia pero, tras unas sesiones, comienzan a sentir el poder. Se produce lo que se conoce como “empoderamiento”. Sienten que pueden llegar a un nivel superior. De hecho, están pasando a un nivel superior gracias al trabajo, la toma de conciencia, la metodología y, por supuesto, gracias a ellos mismos.

Cuando llegan a ese punto se preguntan: “¿Puedo conseguir lo que quiera? ¿Puedo ser quien quiera?
Sí, pero dentro de unos límites.Entendemos que el éxito es la suma de talento y habilidad. El talento es aquello con lo que nacemos. Va en nuestro ADN y te distingue respecto a otros. Te da un plus de diferencia que conlleva una ventaja con los demás. Es innato y viene de serie.

La habilidad es aquello que aprendemos o modificamos en nuestra conducta gracias a horas y más horas de esfuerzo.
Por suerte para muchos de nosotros, el porcentaje que entra en juego para llegar al éxito es mínimo en lo que al talento se refiere y muy alto en habilidad. Es decir, esfuerzo. Algunos piensan que es un 1% de talento y 99% de habilidad, otros piensan que 10% de talento y 90% de habilidad. No hay manera de dar con exactitud con dicha cifra. Es más, dependerá de cada persona. Pero lo que sí es cierto es que el esfuerzo siempre gana al talento cuando éste no se esfuerza.

La motivación en los días que corren es vital para no caer en las oscuras redes del pesimismo y la negatividad. Te ayuda a evadirte de esa nube tóxica en la que pueden respirar la mayoría de los individuos pero, no nos engañemos. No podemos ser lo que queramos.
Si quisieras ser Picasso, por ejemplo, nunca llegarías a estar a su nivel. Si te esfuerzas mucho estoy convencido de que podrás ser un excelente pintor y copiar los cuadros de Picasso casi a la perfección. No lo dudo. Pero te quedarás en una copia. Nunca serás Picasso porque sencillamente no tienes su talento. Ese pequeño porcentaje de talento es el que influye cuando miramos hacia una meta que yo llamo “estratosférica”. Eso sí, estoy convencido de que podrás ser el mejor tú que jamás imaginaste. Me he preguntado alguna vez: ¿Podría ser yo astronauta? Si esa hubiese sido mi meta, me hubiese esforzado cada día, cada hora, para estudiar y prepararme al máximo. Pero, aún teniendo los estudios y títulos académicos pertinentes, es posible que cuando me hubiesen subido a la silla tan famosa que todos conocemos (esa que da vueltas y vueltas sin parar), hubiera vomitado a la tercera vuelta. O posiblemente no habría aguantado la presión en algunas pruebas, me marearía. Me faltaría ese porcentaje de talento que sólo tienen los astronautas.
No os desaniméis, no podemos ser todo lo que queramos pero sí podemos ser casi todas las cosas a las que aspiramos. La inmensa mayoría. Todo lo que te propongas que no sea “estratosférico”. Y reitero; cuando hablo de metas “estratosféricas” me refiero a aquellas en las que influye realmente ese punto extra de talento. Talento que sólo los genios tienen. Todo lo demás, se puede conseguir. ¡Todo!

Decide tu meta, ponte a trabajar en ello y como dicen algunos, sitia tu cerebro y lo conseguirás. En algunas ocasiones te hará falta alguien para que te acompañe en el camino. Un profesional. En otras no.
Puedes sitiar tu cerebro. Un ejemplo sencillo de sitiar tu cerebro es el siguiente: Si quieres convertirte en un experto en ventas, sítialo. 1 libro por semana son 48 libros al año. En un año eres el mejor vendedor que hayas soñado.

Deja de poner excusas limitantes que solo te servirán para no empezar a esforzarte. Concentra tu poder en aquello que quieras conseguir y no te desvíes salvo para aquello realmente importante. Todo lo demás sólo te servirá para distraerte.
Uno de los problemas es que creemos que tendremos resultados inmediatos. Ese es el primer error. La gente sobreestima lo que puede hacer en seis meses y subestima lo que puede lograr en 5 años. Montas una empresa y piensas que si en los dos siguientes años no tienes el coche último modelo en tu puerta significa que tu empresa va mal.

El éxito requiere de mucho esfuerzo y tiempo. Después de todo, ¿qué es la dilación? Eso se produce cuando uno sabe que debería hacer algo, a pesar de lo cual no lo hace. ¿Por qué no? La respuesta es bien sencilla: en algún nivel de tu mente estás convencido de que emprender la acción en este momento sería más doloroso que aplazarla. Sin embargo, ¿has sentido alguna vez la experiencia de haber aplazado algo durante tanto tiempo que de repente sientes la presión de hacerlo de una vez? ¿Qué ocurrió en un caso así? Cambiaste lo que enlazaba el sufrimiento y el placer. De repente, el no emprender la acción era más doloroso que seguir aplazándola.

Aunque sabemos que existen muchas acciones que serán beneficiosas y que en un futuro podrían aportarnos placer a nuestra vida, no logramos actuar sencillamente porque en ese momento asociamos más sufrimiento a hacer lo necesario que a dejar pasar la oportunidad.
Para la mayoría de la gente, el temor a la pérdida es mucho mayor que el deseo de ganar.
Cuando hayas decidido no permitir que tu vida se vea configurada por las circunstancias, sino sólo por tus propias decisiones, entonces, en ese preciso instante, tu vida habrá cambiado para siempre y estarás capacitado para ser “casi” lo que quieras.