La mayoría de la gente trata una creencia como si fuera una “cosa”, cuando en realidad se trata de un sentimiento de certidumbre sobre algo.

Una forma sencilla de comprender una creencia consiste en pensar en el elemento básico que la constituye: una idea. Hay muchas ideas en las que se puede pensar, y no creer.

Un ejemplo sencillo: toma la idea de que eres una persona atractiva. Detente por un segundo y dite a ti mismo: «Soy atractivo/a». Ahora bien, la diferencia entre una idea y una creencia dependerá de la cantidad de dudas que sientas acerca de esta frase en el momento de decirla. Si piensas: «Bueno, en realidad no soy una persona atractiva», lo que estás diciendo verdaderamente es: «No me siento muy seguro de que yo sea atractivo».

 

¿Cómo transformamos una idea en una creencia? Imagínate que una idea es una mesa sin patas. Te habrás hecho una representación bastante acertada de por qué una idea no se siente de una forma tan cierta como una creencia. Sin patas, esa mesa ni siquiera puede sostenerse por sí misma. La idea es sólo la parte de arriba de la mesa, incapaz de sostenerse. La creencia, por su parte, tiene patas.

Si crees realmente que eres atractivo/a, ¿cómo lo sabes?

¿Acaso no es cierto que dispones de algunas referencias que apoyan esa idea, algunas experiencias en la vida que la corroboran? Pues ésas son las patas que convierten la mesa en algo sólido y transforman tu creencia en certidumbre.

¿Cuáles son algunas de las experiencias de referencia que has tenido? Quizá los hombres y las mujeres te hayan dicho que eres una persona atractiva. O quizá te has mirado en el espejo, has comparado tu imagen con la de otras personas consideradas sexys y te has dicho: « ¡Eh, pero si me parezco a ellas!» O quizá en alguna ocasión te han piropeado.

 

Todas estas experiencias no significan nada hasta que las organizas bajo la idea de que es atractivo/a. Al hacerlo así, las patas hacen que te sientas convencido de la idea, y te ayudan a empezar a creer en ella. Sientes que tu idea es cierta, y ahora es cuando se ha convertido en una creencia.

Una vez comprendida esta metáfora, puedes empezar a comprender cómo se forman las creencias, y obtener el secreto para cambiarlas.

 

Es importante observar que podemos desarrollar creencias sobre cualquier cosa si encontramos patas suficientes (experiencias suficientes de referencia) sobre las que apoyarlas. Piénsalo. ¿Acaso no es cierto que has tenido en tu vida experiencias suficientes, o que conoces lo bastante a otras personas que han pasado por momentos duros en sus relaciones con otros seres humanos, como para desarrollar, si así lo quisieras, la creencia de que la gente está corrompida y de que, si se les dieras una mínima oportunidad, se aprovecharían de ti? Quizá no quieras creer eso, sabemos que esa creencia puede ser incapacitadora pero ¿verdad que tienes experiencias que apoyan esa idea y que podrían hacerte sentir seguro de ello si así lo quisieras?

¿Acaso no es igualmente cierto que has tenido en la vida experiencias (referencias) que apoyan la idea de que, si te preocupas realmente por los demás y los tratas bien, ellos se comportarán básicamente como buenas personas y estarán también dispuestos a ayudarte?

La cuestión que aquí se nos plantea es: ¿cuál de estas dos creencias es la verdadera?

La respuesta es que no importa cuál sea la verdadera. Lo que importa es saber cuál de las dos nos capacita más.

Todos podemos encontrar a alguien para apoyar nuestra creencia y hacernos sentir más seguros sobre ella.

Así es como puedes crear y eliminar creencias, que te permitan cumplir tus sueños y por supuesto, ser feliz.

 

Tengo la creencia de que mi post será compartido, porque dispongo de información y experiencias pasadas que así lo corroboran. Ayuda a que llegue a más gente compartiendo.

Y por supuesto, espero tus comentarios.