Estrés: “estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal; suele provocar diversos trastornos físicos y mentales”.

Es una de las definiciones que podrás observar si buscas la tan famosa palabra en internet o en el diccionario.

Algunos piensan que puedes caer en las redes del estrés si tienes una acumulación de trabajo alto. No es totalmente cierto. El problema no siempre radica en tener mucho trabajo por hacer, el verdadero detonante del estrés es pensar siempre en lo que se debe hacer después. Estar siempre en el futuro. Poner en tu vocabulario frases como: “tengo que hacer esto o tengo que resolver lo otro”. Tengo que, tengo que y tengo que…. En vez de priorizar tareas y aprender a gestionar tu tiempo, realizas un trabajo, con la mente puesta en el siguiente que debes hacer. No estás al 100% en lo que realizas ahora. Tu mente siempre está en un futuro. Eso provoca desánimo y una sensación de nunca a acabar. El desánimo lleva a procrastinar. Si procrastinas, tu montaña de papeleo aumenta. Piensas en todo lo que tienes que hacer. Estás en la rueda del hámster. El estrés es todo tuyo; agárralo con cariño porque é no quiere irse de tu lado.

Tengo que, tengo que y tengo que… sin pensar realmente que nos ocupamos de las cosas que hacemos porque es lo que realmente queremos hacer. Nadie nos obliga.

Ahora sé lo que estás pensando. Probablemente te digas: “sí claro, yo voy al trabajo todos los días porque quiero. Me levanto a las 6:30 de la mañana porque me apetece, ¿no? Pudiendo estar en mi cama un rato más, acariciado por las sábanas”. Yo también me lo cuestione un día. Me dije, “hago lo que hago porque debo hacerlo. Trabajo porque tengo que pagar cosas”. Algunos pensarán en este instante en su hipoteca, sus hijos, sus tarjetas de crédito. Tengo que, tengo que y tengo que hacer lo que hago porque mi responsabilidad es pagar y cuidar de mi familia.

Pero lo verdaderamente cierto es que NO ES CIERTO. Si haces lo que haces es porque quieres. Es duro leer esto, pero es así. Si no quieres pagar tus posesiones, no lo hagas. Si quieres irte a vivir debajo de un puente, hazlo. Creo que nadie te lo impide. Si quieres estar todo el día en la playa, hazlo. Si es verdaderamente lo que quieres, usa la cabeza para ahorrar lo suficiente e irte con tu familia a Cancún y quédate el tiempo que quieras bajo una palmera. Si es lo que quieres, ya se te ocurrirá la manera de sobrevivir allí. Tú decides lo que quieres hacer y asumes las consecuencias.

Nadie nos obliga a hacer lo que hacemos actualmente. Cada vez que usas el “tengo que” estás llenando de obligación a tu cerebro y, de forma inconsciente, estás haciendo un daño a tu vida que posiblemente ni te pares a imaginar; pero lo haces. Sólo con tu vocabulario. Así que es eso precisamente, tu vocabulario, lo primero que deberás cambiar. Si quieres mi humilde consejo, cambia el “tengo que” por el “quiero hacerlo”, o simplemente hazlo sin más. Sin quejas ni obligaciones. Es tu sello de identidad así que comienza a cambiarlo.

Por otro lado, prioriza tareas y gestiona tu tiempo. El tiempo puede ser tu peor enemigo o un gran aliado. Puedo enseñarte a tener el tiempo de tu lado. No sólo  a gestionarlo sino a manejarlo a tu antojo; y esto no es un farol. Una práctica sencilla la puedes ver en mi video sobre la “matriz de Eisenhower”, aunque sea únicamente la punta del iceberg http://jdr-coaching.com/video-clase-gestion-del-tiempo-matriz-de-eisenhower/

 

Vive tus momentos. El presente es un tesoro, amigo. Debemos estar en él y aprovecharlo. Cada momento es irremplazable. Una de las preguntas que realizo a los empresarios, gerentes y líderes de equipos cuando me reúno con ellos es: “si estás hablando con tu pareja, ¿estás centrado al 100% en lo que te dice?”

Te sorprenderías de las respuestas que dan. Un gran porcentaje se sincera y me contesta: “No. Por supuesto que no. Sigo pensando en el trabajo”.

No tienen capacidad para desconectar. No recargan pilas. Es otro de los síntomas claros del estrés.

Olvídate de lo que harás luego o de lo que hiciste antes. El ahora es lo que vives. Estar presente en él hará que tus niveles de estrés se mantengan a raya. Es más, si sigues estos consejos, hará que desaparezca por completo.

Acuérdate a partir de hoy de escuchar plenamente a tu pareja o amigo/a. Es vuestro momento.

 

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