Todo gran avance en la vida, comienza con la imagen mental de una meta; de un propósito. En un proceso de coaching, es un paso vital para saber hacia dónde vamos y qué queremos conseguir. Y para algunas personas este paso no es nada fácil.

Es común toparse con clientes que no saben realmente qué es lo que quieren o cual es su objetivo a conseguir; sin embargo, tienen muy claro que la vida que llevan actualmente no es la que ellos soñaron y necesitan un cambio. Pienso que el hecho de estar ausente de propósito alguno dice mucho del estado actual del coachee. Cuando esto ocurre, el cliente se siente perdido, sin motivación alguna y en un estado totalmente apático. Para tu tranquilidad, te informo que tiene fácil solución.

Tener un sueño, una meta o un propósito es importante; estar centrados en esa meta una vez comenzamos el proceso para alcanzarla también lo es. Pero casi más importante aún que tener una visualización mental de nuestro objetivo a conseguir, es disfrutar del camino.

¿Cuántas veces hemos sentido no estar disfrutando del camino? Estamos centrados únicamente en el punto al que queremos llegar y nos olvidamos de disfrutar de cada paso que damos y que nos acerca a nuestro sueño.

Estar siempre pensando en tu meta puede, a veces, incluso bloquearte. Si tus pasos son muy lentos o tu sueño aún está lejos en el tiempo, puedes llegar a frustrarte. Es por ello que aconsejo siempre disfrutar de esos pequeños pasos que se dan durante el camino y de celebrar cada objetivo que vamos cumpliendo y que nos aproxima a la meta final, como si fuese una auténtica victoria. ¡Y saboréala!

En ocasiones monto en bici y como a la mayoría de los biciclistas me gusta cada vez ir más lejos, subir más alto y hacerlo en menos tiempo. Pero he notado que si en mi mente sólo existe la idea de llegar al lugar o subir la montaña, termino por no disfrutar del camino que voy recorriendo, de la naturaleza, del aire fresco y del paisaje. Por consiguiente, aunque finalmente llegue al lugar de destino, en mi interior sólo existe la sensación de “ya está, he llegado”, y nada más. Una leve sensación de éxito, pero poco más.

Tu meta es importante, ya lo creo que lo es. Pero igual de importancia tiene el hecho de saborear el camino y disfrutar de cada paso que das.