Hace tiempo ya se comenzó hablar del liderazgo. Y no me refiero al líder de “mano en látigo”, sino al nuevo líder que ya muchos de nosotros sabemos qué aptitudes debe tener. Pero, ¿saberlo significa que lo llevamos a práctica? ¿Observamos en nuestros líderes esas aptitudes que tanto necesitamos? O, en el caso de que seamos líderes de nuestro propio equipo o empresa, ¿llevamos a cabo algunas de las bases de las que hablaremos a continuación?

El problema, en muchas ocasiones no es lo que sabemos. De hecho, creo que en ocasiones gozamos de demasiada información. El verdadero problema es que esa información no la llevamos a cabo. No poner en práctica tus conocimientos en el ámbito del liderazgo es importantísimo. Si eres responsable de personas, éstas no funcionarán como tú o tu empresa va a necesitar. Y pero aún, si no llevas a cabo lo que has aprendido, no podrás liderarte a ti mismo.

Al final, muchas de las cosas que conseguimos, radican en el día a día. En pequeños pasos que das y que van sumando en el total para conseguir tu meta. Si has adelgazado con tu dieta, es porque sumaste tu esfuerzo día a día y cuando finalizó el mes se mostraron los resultados del trabajo comiendo verduras y pollo. Si ahora corres 50 minutos diarios, es porque has sumado día a día un esfuerzo que ha dado como resultado tu nivel de resistencia física actual. Si tienes una empresa que lleva 5 años en la cima, es porque cada día tuviste tu pequeño plan de acción que finalmente sumaron para un buen mes, y un buen año.

El liderazgo funciona de la misma manera. Debes sumar día a día pequeñas aportaciones a tu equipo, o a ti para que finalmente consigas tu meta. Para que los tuyos confíen en ti cada día más. Para que tú confíes en ti cada día más. Es un proceso de mejora continua como tantos otros.

Desde mi punto de vista y desde la humildad, hay ciertas premisas que deberemos seguir para ser buenos líderes:

1-    Ser asertivo/a: Algunas personas tienen esta cualidad y otras no, pero se puede entrenar. Es primordial para que tú o los tuyos sepan dónde está el límite a sobrepasar. Te servirá para mostrar lo que sientes o lo que piensas de forma segura y correcta. Sin ser pasivo ni agresivo. Muchos pecamos de este error. Pensamos siempre que nuestra forma de comunicarnos con los demás es la más adecuada. Déjenme que lo dude. Ser asertivo con los demás y contigo mismo te permitirá regular el estrés y te enseñará a defender los legítimos derechos de cada uno, sin agredir ni ser agredido. El tema de la asertividad es bastante amplio. Si creéis que es una parte que “cojea” de tu liderazgo, te recomiendo alguna breve lectura de la misma. Si quieres, escríbeme y te detallo algún libro o estaré encantado de mostrarte algún escrito sobre la asertividad.

 

2-    Entender antes de ser entendido: Tal y como dijo nuestro gran amigo Stephen Covey, ponte en la “situación del otro”. Un maestro debe estudiar antes de enseñar álgebra. Un médico debe aprender las enfermedades antes de diagnosticar al paciente. Un abogado debe estudiar y trabajar antes de desarrollar el caso ante el Juez. Nosotros, como líderes, deberíamos entender primero a nuestro empleado, a nuestro cliente, al que tenemos al lado, antes de intentar que nos entiendan a nosotros primero. Cuando procuras entender antes de ser entendido, comienzas a darte cuenta de cuáles son las necesidades de la persona que habla contigo. No sólo eso, sino que comenzarás a ver que la gran mayoría de los problemas que tienes a tu alrededor empiezan a convertirse en simples obstáculos que rebasarás con facilidad. Entiende antes de ser entendido y tus relaciones con los demás serán más provechosas y sencillas. Así mostrarás que confías en ellos y los apoyas. De ninguna otra manera ellos confiarán en ti de forma plena.

 

Próximamente en mi blog, tendremos la segunda parte del post.